14 oct. 2011

El tigre que ya no ruge

Dublín (Irlanda), 27/08/11 .- Varios grupos de músicos ambulantes alegran a la multitud que esta tarde transita cargada de bolsas con ropa y otros caprichos por la lujosa Grafton Street de Dublín y por la más asequible Henry Street. Los dublineses parecen hoy haber olvidado sus problemas financieros: es tercer jueves de agosto, cuando muchos aquí cobran el mes. En los corrillos que aplauden a los aspirantes a músicos también hay turistas, centenares, miles de turistas, que confirman el celebrado aumento de visitantes en la ciudad desde principios de año. No obstante, en esa misma lujosa calle, en esa misma Grafton Street, sorprende encontrar un local novísimo y envidiablemente situado, pero vacío y con un cartel: se alquila. 

Pese al furor del sueldo acabado de imprimir y pese a los rebaños de turistas que deambulan por el centro, Irlanda sigue sufriendo los síntomas de un duro frenazo económico, que lo llevó a ser el segundo país rescatado por Europa y que lo lleva a acumular impagos hipotecarios que ascienden a 6.000 millones de euros en una república de tan solo cuatro millones de habitantes. No hay calle en el centro, no hay barrio en Dublín, sin un cartel en busca de compradores o arrendatarios.


“La propuesta de hacer frente desde el estado a los seis mil millones de deudas en hipotecas personales no es una opción realista”, alegaba hace unos días en The Irish Times el ministro de finanzas, Brian Hayes, ante las quejas de ahogo de muchos ciudadanos. El antes proclamado Tigre Celta, que consiguió ser uno de los PIB europeos con mayores crecimientos anuales gracias a una política fuertemente liberalizadora y de impuestos mínimos, ha dejado de rugir y aplica, semana tras semana, sacrificios para contentar las exigencias europeas.

Las propuestas de los últimos días son simbólicas, pero demuestran, según sus ideólogos, la seriedad irlandesa en aplicar los recortes. Primero, reducir de forma tajante el gasto educativo: o bien retrasando hasta los cinco años el ingreso de los menores en el sistema educativo, o bien eliminando las subvenciones que reciben los jóvenes que optan por un año de transición con prácticas y viajes al extranjero antes de entrar en la universidad.  Y segundo, la probable privatización por parte del consistorio dublinés del sistema de recogida de basuras, que cuesta diez millones de euros anuales y que es de gestión pública desde hace 150 años.

Los recortes seguirán, advierte el gobierno. Algunos indicadores muestran que el sistema financiero irlandés, detonante de la recesión económica, permanece enfermo. Los préstamos e hipotecas han caído en el segundo trimestre de 2011 un 54,6 %, según datos de la patronal Irish Banking Federation. En pararelo, a mediados de agosto, Anglo-Irish Bank anunció 350 despidos más y el cierre de sus negocios de préstamo en los mercados estadounidenses y británico, explicaba el diario populista Herald.

En esa misma calle lujosa, la Grafton Street de los consumistas, los turistas y el local en venta, en esa misma calle, gritaban y cantaban grupos de adolescentes un par de días atrás. Era el día de las resoluciones para entrar en la universidad y definir en qué college estudiarán y qué materias cursarán. En esta ocasión las borracheras y los viajes de celebración tenían un nuevo sabor y tacto: el del reciclaje.

O, al menos, así lo analizaba el jefe de la sección de Educación del Irish Times: “La demanda para cursar carreras en el campo de los negocios y del arte, los dos mayores pilares del sistema universitario de los últimos veinte años, está en retroceso. En cambio, las ciencias y la informática, que lucharon para atraer estudiantes durante los años del Tigre Celta, concentran ahora el mayor interés”.


Son, en efecto, la esperanza del país. Las multinacionales tecnológicas, que encontraron en Dublín una sociedad europea con pocas obligaciones fiscales, siguen demandado personal. “Tenemos una urgente necesidad de graduados”, clamaba este verano la directora de comunicación del colegio profesional Engineers Ireland. Se necesitan, por ejemplo, 1.200 nuevos empleados con dominio matemático. Y no es para menos.

Amazon acaba de comprar nuevas instalaciones para asentar su tercer centro de datos en la capital irlandesa; las inversiones recientes de Microsoft en Dublín ya suman 500 millones de dólares; Telecity compró una firma tecnológica en Irlanda por 100 millones más y Google sigue apostando en la ciudad para centralizar su centro de datos de su correo Gmail y otros productos.

Son, en consecuencia, la esperanza del país. El paro escaló en los últimos cinco años de 4 % al actual 14 %. El país fue el estado europeo con más dinero en ayudas comunitarias para recolocar a desempleados en 2010, con 60,6 millones de euros para 9.835 irlandeses. Y la emigración neta se ha cuadruplicado desde 2009, según datos publicados por The New York Times

Como aquella fuga masiva durante la gran hambruna de la patata que envió a centenares de miles de irlandeses a Estados Unidos. Como entonces, el país del tigre celta vuelve a ser el país de los emigrantes. 

3 comentarios:

  1. Comtinúa con tus relatos

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  2. Irish reality....esperamos más artículos...

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  3. He entrat per casualitat, sense esperar trobar-hi res nou, però, per sort, m'he equivocat. Que tornis a actualitzar és una gran notícia. Quan t'hi poses, ets un crac de la ploma.

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