5 may. 2010

Cuando TD no significa Telediario

Bienvenidos al té danzante. Por favor, hagan correr su imaginación. Quizás vean burgueses refinados que bailan suavemente con una taza de té selecto en la mano. Tal vez, vestimentas propias de dos siglos atrás. O, incluso, desfile por la sala algún collar suntuoso. Gracias. Ya pueden parar su imaginación, porque en Bélgica, la gran tradición del thé dansant se traduce en suciedad, desfase y mucha cerveza.

Destinados a los estudiantes, los TD son una pieza clave para la plena integración en la vida universitaria bruselense. Se celebran en medio del campus de La Plaine, en la sala Jefke, rodeada de jardines, aularios y otros edificios propios de las rutinas académicas. Una deteriorada sala de hormigón, música comercial y cerveza a un euro son los ingredientes de base.

Y ropa vieja, muy vieja, y desgastada, y cutre. Lo que sea con tal de poder sonreír cuando uno se empapa de cerveza venida de cualquier punto de la sala. La tradición manda que, cuando al vaso le quede un par de dedos de cerveza, se lance al aire. Lluvia pringosa asegurada. Cebada en la atmósfera. Otra tradición manda que, quien se haga con cuarenta vasos vacíos, recibirá una consumición gratuita.

Alguno cae en tan degradante prueba, nos aseguran. También me cuentan que los camareros, del gremio estudiantil, son los primeros en emborracharse: “Cada diez minutos gritamos: 'A fond, bar!". Y  se tragan al son de la cantinela cerveza tras cerveza.
El precio de la entrada es de cuatro euros, algo menos si se llega antes de las once de la noche. Sólo los miembros de los círculos tienen libre entrada. Exactamente. Son los círculos de estudiantes, de gran implantación en las universidades belgas, los organizadores de los TD. Sólo Bruselas suma unos cuarenta círculos, cuyo calendario llega al apogeo en la época en que los novatos se bautizan.

Las fiestas de la suciedad y la cerveza se celebran entre semana, de lunes a jueves, antes de que los belgas huyan maleta en mano a sus respectivos pueblos de provincia. A finales de abril, cuando aproveché para manchar algo de ropa vieja, se celebraron los últimos TD, llamados Bunker en otras ciudades del país. Fin de la temporada: llega el blocus, cuando las noches sustituyen la cerveza por el café bien cargado.

4 comentarios:

  1. Merveilleux petit article résumant bien une facette importante de la vie estudiantine à l'ULB, où sociedad et suciedad se rencontrent et s'associent pour la cause unique, ou presque, de la fête folklorique...
    J'aime beaucoup l'Europe à travers les yeux de Ryan. Tu nous racontes des évènements qui semblent prosaïques avec tant de fraîcheur!

    ResponderEliminar
  2. Esto por aquí-Salamanca, Santiago,Sevilla- son los botellones, algo más sedentarios, pero igual de cutres. Hay que borrar vacíos, sosegar con risotadas voces muy hondas que hieren como púas. En una fratenidad de EE.UU vi yo una vez la bañera llena de cerveza y una manada de esperpentos en calzoncillos beber a morro. Daban ganas de silbarles, como se hacía antes con las reses- líbreme Dios de comparaciones- para animarlas a beber. Es verdad: de sur a norte, de este a oeste, esa misma necesidad de no enfrentarse a la bestia que ruge dentro. Y, sin embargo, hay una juventud -Ryan, sin ir más lejos- lúcida y crítica. La regeneración pasaría-piensa Orosio- por una recuperación del Humanismo, esto es, de las Humanidades. Una recuperación seria, sistemática, capaz de recoger impulsos que hoy-sin ser debidamente encauzados- se nos van en pirotecnias. Llenar las bañeras de utopías y beber hasta decir basta. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  3. La estulticia humana es como la "feina ben feta: no té fronteres"

    ResponderEliminar
  4. Es exactamente eso !
    Gracias por esa descripción precisa de la fiesta estudiantil bruselense ;)

    ResponderEliminar