19 may. 2010

El café liégeois se queda sin nata

Y el viajero se sumerge en una enorme ola, que lo engulle y lo protege a la vez, en una inmensidad blanca que lo recibe o lo despide. Inaugurada en setiembre de 2009, la nueva estación de trenes de Lieja es una obra arquitectónica puntera, aunque solo sea por la fama de su creador, el valenciano Santiago Calatrava. Ofrece nueve vías y cinco plataformas; acoge la alta velocidad hacia Bruselas, París, Colonia y Fráncfort, y acabó costando 310 millones de euros, según datos del diario Le Soir.

Un gasto colosal, sobre todo conociendo el purgatorio por el que pasa la economía liégeoise. Lieja, en el este de Bélgica, es la capital económica de la región valona y la cuarta ciudad del país, con 195.000 habitantes. En los últimos lustros ha sufrido un duro retroceso demográfico, después de haber alcanzado cifras superiores a los 230.000 habitantes, y ha padecido un visible revés económico. Mientras Lieja cierra cada año más negocios que los que inaugura, la tasa de natalidad empresarial belga es positiva: un 0'2%, según FEDER.

De hecho, el Fondo Europeo de Desarrollo Regional advertía en un informe reciente: “La provincia de Lieja ha vivido una fuerte regresión de su índice de productividad entre 1995-2004 por una insuficiente inversión en la diversificación de sectores de alto valor añadido”. La zona vivió en los setenta su apogeo económico y social, llamémoslo café liégeois, esa bebida calórica a base de cafeína, helado y nata.

Su bola de helado era una situación geográfica estratégica y su nata, la explotación de minas y una potente industria metalúrgica, como me confirma vía electrónica Christine Exsteen, documentalista del Musée de la Vie Wallone. Y Lieja se ha ido quedando sin nata.

Es sábado, el centro peatonal de la ciudad se mueve empujado por una densa red de pequeñas tiendas y la zona de bares llamada Le Carré. Aunque, detrás del ajetreo, se esconde una tasa de actividad inferior a la media estatal, un desempleo a largo plazo preocupante y la imposibilidad para la mayoría de habitantes de probar suerte en las zonas potentes, Flandes y Bruselas. Los valones sólo chapurrean el flamenco o, sencillamente, lo desconocen.

Es Lieja, la capital económica valona, el vivo ejemplo de la región. La Valonia posee el estigma de tener un PIB muy inferior al resto del país y una economía demasiado corta de miras, pues el 90% de las empresas reúne menos de veinte trabajadores. Y es que la herida interna de Bélgica no se queda en un rasguño lingüístico.


3 comentarios:

  1. Sólo saboreando el título, dan ganas de leer el artículo,,,

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  2. És cert. M'agrada molt com titules. Jo mai he estat a Liège però sempre m'ha cridat l'atenció visitar-la.

    És bonica, almenys?

    Tinc una amiga belga a París que em confirma que els valons no saben parlar flamenc, però a la inversa sí.

    cuida't!

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  3. A mí me gusta más cómo termina...En todo, el final es lo decisivo. Y este hombre sabe acabar muy bien las cosas que escribe. Esa frase última es estupenda.

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