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18 may 2010

Namur se hizo payasa

Tan solo con vernos, su cara enrojeció y sus manos perdieron absolutamente el control del diábolo. Aunque, al final, el jovenzuelo imberbe y sus dos amigos se relajaron y disfrutaron como niños ­–de hecho, lo eran– de los aplausos del público, un aforo de cuatro visitantes medio perdidos. 

Estamos en Namur, ciudad belga con fama de aburrida y provinciana, en su fin de semana glorioso: Namur en mai, un festival de teatro callejero, payasos, música improvisada y circo y marionetas y actuaciones burlescas y danza y hasta proyecciones en 3D. En total, cuatro días de puente de la Ascensión, 600 representaciones, cinco escenarios diferentes y unas ochenta compañías, según datos de la organización. "Es un mundo imaginado como el que querríamos para nuestros hijos", declaraban hace unos días los padres del evento, Jéan-Felix y Nathalie Tirtiaux.

“¡Y votad a este grupo, que son mis amigos!”, nos suplicó al irnos el niño del diabolo algo diabolizado. La verdad es que Namur, capital de la Valonia, no es más que una ciudad de provincias que ronda los 110.000 habitantes, el doble si se contabilizan también sus alrededores. Pero, pese a la apariencia, esta ciudad belga ostenta la capital política del sur del país.

Es la Valonia, tiene tres millones y medio de habitantes y es la región por excelencia de la comunidad francófona, aunque también acoge el reducto de habla germana del país, que supera por poco los 70.000 habitantes. Lleva bajo el brazo la Valonia, antigua zona próspera del país, un currículum poco esperanzador, con un PIB mucho menor que Flandes y con una tasa de paro mucho más alarmante. 
Es en un lugar simbólico de Namur, en la unión de los ríos la Meuse y la Sambre, donde se encuentran las sedes del Parlamento valón y del Gobierno. Un edificio, éste último, que, pese a la cabezonería de los belgas francófonos por diferenciarse de los franceses, se llama L'Élisette, lo que vendría a ser un Eliseo pequeño. Pero no se enfadan, o eso parece. Namur recibe al visitante con poco estrés, con un núcleo urbano repleto de pequeñas tiendas y con algunos atractivos como la Opéra Royale o la Place d'Armes

Una única recomendación me hizo mi compañera de piso, que es namuroise. “Visita la Ciudadela”, una fortificación imponente, que divulga el pasado medieval de la ciudad y regala unas hermosas vistas de la zona. Hoy, desde la tranquilidad y la verdura de La Citadelle, llega el sonido amortizado de un espectáculo circense. Es Namur, es mayo.

13 may 2010

Examen anulado. Razón: elecciones

Hacía yo cola para tomarme un café cuando vi un cartel que destacaba entre los varios metros cuadrados de papel que decoran mi universidad belga, que es de carácter profundamente cartelista. El cartel en cuestión me atrajo por dos razones: una, porque hablaba de las elecciones y dos y  sobre todo, por su aspecto rudimentario, que no pasaba del uso de la Times New Roman, la negrita y el subrayado. Y me puse a leerlo. Un individuo o varios individuos sin firma se quejaban del egoísmo de los políticos del país: han convocado elecciones en pleno periodo de exámenes, el domingo 13 de junio.

Inesperada, lo es, la cita electoral. El gobierno de coalición era un contorsionista innato al reunir múltiples partidos tanto flamencos como valones y cayó hace algo más de uno mes. El viento que lo llevó a la caída libre se llama BHV (Bruselas-Hal-Vilvorde). Es una circunscripción electoral situada, en parte, en territorio flamenco pero que, por incluir poblaciones de la Región de Bruselas Capital, tiene una destacada comunidad francófona, que puede votar a partidos también francófonos y dirigirse a las autoridades en su lengua natal. Es decir, que esta zona con menos de 200.000 habitantes tiene una importante población francófona que, de hecho, está viviendo en un territorio monolingüe flamenco.

Al no encontrar solución al estatus del BHV, un partido flamenco se despidió de la coalición de gobierno, y el primer ministro Leterme dimitió, y el Rey aceptó, y no encontraron curación al virus del Ejecutivo, y las elecciones se avanzaron al 13 de junio. Y eso no gustaba al anónimo del cartel. Culpaba a la clase política de incompetente y se quejaba porque la cita electoral entorpece la preparación de los exámenes, especialmente si a uno le toca mesa electoral.

Algunas asociaciones de estudiantes también se han lamentado. Hablan en nombre de “los que representan el futuro del país” y alegan la delicadeza de su misión: “manifestarse sobre cuestiones cruciales” en un país donde el voto es obligatorio. El runrún estudiantil ha saltado ahora a los medios y el ministro de Enseñanzas Superiores ha hablado.

Jean-Claude Marcourt, que así se llama el ministro, enviará una circular a las universidades y les recomendará que no convoquen exámenes para el día de resaca electoral, el lunes 14 de junio. “Son los centros quienes determinan las fechas de examen, pues corresponde a sus funciones”, matizó el ministro Marcourt a Belga, la agencia de noticias líder del país.


Por el momento, otros estudiantes con cara y nombre recogen las 100.000 firmas que necesita un partido para presentarse a los comicios. Las buscan de forma insistente, salvo si se pronuncias la clave secreta: “Nous n'avons pas la nationalité belge. Desolé.