15 abr. 2010

Bruselas, ciudad lavandería

La mujer lloraba un poco al recordar el suicidio de su hijo. Esta es la primera imagen que tengo de una lavandería automática en Bruselas. La mujer sola y sin familia compartía sus penas con una vecina desconocida. Fue entrar y sentirme como en una lavandería sacada de una película de Isabel Coixet. Pensé en cuántas historias escucharía semanalmente y en cuántos vecinos conocería.

Pero el romanticismo se acabó rápido. La máquina se tragó mis cinco euros, y tuve que llamar al servicio técnico, y la velada se alargó más de lo esperado. Y, de hecho, nunca más he escuchado historias emotivas al lavar la ropa ni he conocido a ningún vecino.

Bruselas es una ciudad lavandería. Según el directorio de Pages d'Or, la capital belga tiene 220 salon lavoir para su millón largo de habitantes. En Valencia, en cambio, con 814.000 habitantes, Páginas Amarillas sólo registra dos lavanderías automáticas. En el resto de Bélgica, aparecen 159 en la parte francófona y 260 en Flandes.

“Aquí vienen los estudiantes”, nos dice una jubilada del barrio de Ixelles, la zona universitaria por excelencia. Hoy usa el sistema automático de planchado acompañada de su marido, pero es una excepción. Dice que ella y toda la gente de su alrededor tienen los equipamientos en casa.

Universitarios, inmigrantes, gente mayor. Es una de las razones que explican el fenómeno lavandería. Primero, porque la mayoría de edificios para estudiantes, los llamados kot, no disponen de lavadora. Y segundo, porque Bruselas es una de las ciudades más jóvenes de Europa con una media de edad que ronda los 38 años.

Magalie, de unos 30, lo tiene claro: “Cuando haya ahorrado un poco, me compraré una lavadora y dejaré de venir, porque es largo y caro”. Lavar y secar puede escalar hasta los cinco euros por sesión. “Los amigos que se lo han podido permitir ya no pisan la lavandería”.

El mítico clima húmedo del país también contribuye. La zona de secadoras es la más concurrida y, en efecto, muchos clientes lavan su ropa en casa y sólo vienen a secarla. “En verano me permito el lujo de secar la ropa en casa”, añade Magalie. Y lo repite: espera el día en que la lavandería dejará de absorberle un par de horas de su fin de semana.

2 comentarios:

  1. Después de aterrizar en París me di cuenta de que para los españoles, tener lavadora en casa es tan normal como disponer de frigorífico. Eso de la lavandería era para mi cosa de peli yankis y discos de Shakira

    En cambio, en ciudades donde los estudiantes malviven en chambres de bonnes (buhardillas muy parisinas pero poco dignas)este electrodoméstico es todo un lujo.

    Las lavanderías son un laboratorio sociológico pàra quienes tengan los ojos abiertos y el espíritu inquieto: tomarte el tiempo que dura un lavado normal para mirar a tu alrededor, olor a limpio, libro en mano y sonido de centrifugado de fondo... no tiene precio

    Lavar la ropa en París: 3 euros y pico (6 kilos)
    Secar: 1 euro por cada 10 minutos
    Coste aproximado: un poco menos de 6 euros

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  2. ¿ cómo se puede vivir en una casa sin lavadora en 2010 ? Mientras mi queridísima compañera hace de las suyas, yo puedo hacer 1000 cosas : fregar, cocinar, planchar, leer un libro, tomarme un café...
    Ya me podéis quitar la TV, el Facebook y el MP4, pero, por favor, dejadme mi lavadora !

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